Hemos vuelto de las vacaciones de semana santa con muchas novedades. Aparte de la lluvia e incluso la nieve, que nos ha aportado 14 mm de agua al patio, nos han traido nuevas plantas de Dinamarca.
De ahí el título de la entrada, porque nos han traido una maceta con
ruibarbo, una verdura originaria de Mongolia que ha viajado desde Dinamarca a nuestro patio pasando por 4 países diferentes.
¡¡¡Muchas gracias Diego y María!!! Que momentos habéis tenido que pasar explicando lo que era en cada aeropuerto.
Esta verdura no es muy conocida en España, nosotros lo leímos en el libro de John Seymour titulado El horticultor autosuficiente y nos llamó mucho la atención. A pesar de ser una verdura se le considera una fruta porque en los países nórdicos lo consumen en el postre. Usan los tallos para hacer
tartas, mermeladas, compotas y vinos porque tiene un sabor ácido muy peculiar por su contenido de ácido oxálico y gálico.
Del ruibarbo se usan los tallos más gruesos de color rojizo ya que si están verdes no son comestibles. El cambio de color ocurre durante el período de inactividad del invierno, por lo que es
fundamental que hiele para que se puedan consumir.
Sus hojas no se comen porque tienen una sustancia llamada anthrone que es tóxica y muy laxante. Aunque se aprovechan para hacer un
purín muy eficaz contra diferentes insectos, especialmente los pulgones. También se pueden usar para hacer acolchados porque llegan a tener grandes dimensiones o para el compost.
Es una planta que puede llegar a alcanzar un gran tamaño, le gustan los
suelos ácidos por eso antes de plantarla tendremos que hacer un tratamiento de acidificación de suelo (aportando compost o corteza de pino). La vamos a situar en una zona sombreada ya que los veranos calurosos no le benefician.
Pero no sólo nos han traido el ruibarbo, también trajeron unos
bulbos de aguaturmas y una raíz de jengibre, pero eso lo dejamos para otro día.